La decoración influye en nuestro apetito

Ayer estuve escuchando la radio y entre noticia y noticia hablaron de algo que llamó muchísimo mi atención. Según un estudio, que parece bastante serio, la decoración del ambiente en el que nos encontremos influirá notablemente en nuestra alimentación, pues nos apetecerá más comer una cosa u otra dependiendo el contexto en el que estemos. Es como si ahora me dijeran que el color rojo llama a comer dulces y grasas saturadas ultraprocesadas y el color marrón a comer verduras, yo tendría que pintarme hasta las manos de color marrón para conseguir ser un poco más saludable. Hoy, por tanto, vamos a hablar de decoración para comer, o de comer según la decoración… no sé muy bien cómo definir esto la verdad.

Por lo visto, cuando nos disponemos a comer en una mesa de restaurante, en casa de un amigo o familiar e incluso en nuestra propia vivienda, no solo se activa el sentido del gusto, sino que todo nuestro cuerpo se activa de tal forma que el entorno, y su decoración, acentúa nuestras sensaciones con la comida y, por tanto, puede favorecer, o no, el consumo de ciertos alimentos.

Por ejemplo, si quieres adelgazar más te vale comer en lugares iluminados pues comer en zonas con poca luz nos empujan a comer más. También dice el estudio que una música suave estimula el consumo y que los colores ocres favorecen una ingesta más sana. Todo, hasta el mobiliario, es determinante y por eso aseguran que debemos tener cada detalle en cuenta a la hora de decorar nuestro comedor.

He estado echando un ojo por algunas webs y en Muebles Madrid Decoración he encontrado algunos ambientes que podrían servir de ejemplo de comedores decorados para conseguir una alimentación saludable. Se trata de salones elegantes, donde predominan los colores neutros (ocres sobre todo), sin demasiada decoración ni ostentosidades y con un mobiliario clásico de líneas rectas.

Iluminación, colores neutros y elegancia

Según este estudio debemos utilizar lámparas de luz blanca para iluminar el área donde vamos a comer, de modo que todo sea nítido y claro. Tiene lógica puesto que cuanto menos vemos, más nos desinhibimos y comemos mayor cantidad de alimentos y, por ende, mayor ingesta de calorías.

Hablemos ahora de colores. Por lo visto, los colores son tan importantes que pueden modificar nuestras apetencias culinarias en un abrir y cerrar de ojos. La decoración en blancos, beige, ocres y marrones, sumada a espacios abiertos y amplios, invitan a comer más tranquilamente y favorecen una alimentación más pausada. El rojo, que aumenta la presión arterial, estimula el apetito, por lo que si decoramos con mucho rojo nuestro comedor acabaremos comiendo más de lo que realmente necesitamos.  El verde, que sea socia a la naturaleza y transmite alegría, optimismo felicidad, junto a los naranjas y amarillos nos incitan a comer mucho más sano: futas y verduras. Y si lo que quieres es adelgazar, decora todo en color azul porque dicen que nos quita el apetito.

Para decorar la mesa siempre es bueno tener plantas, centros con flores, etc.  Y eso es porque nos evocan a un estado de calma y sosiego alejándonos del ajetreo de la ciudad y abren una especie de paréntesis para el rato de la comida.

¿Y qué pasa con la música? Si te gusta comer con música debes saber que puede estimular nuestro apetito, pero también puede ayudar a relajarnos. De hecho, la música es tan importante que incluso puede afectar al sabor de los platos y al apetito de los comensales. Cuanto más jaleo, más follón y más música ruidosa y animada haya más comeremos, mientras que una música relajada y pausada nos invitará a comer más pausadamente y en menor cantidad.

Conclusión: tengo que pintar mi salón de beige, comprar muebles clásicos y cómodos, poner un par de plantas y un bonito jarrón con flores, dar un toque de color con colores como el verde o el amarillo, usar vajilla de color azul y poner música tranquila. Igual si sigo todas esas recomendaciones empiezo a comer menos y a perder esos kilitos de más que gané hace años y que parecen no querer irse nunca.