Una nueva diseñadora ha llegado

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Como algunos de vosotros ya sabréis o, por lo menos, habréis intuido, adoro la moda, las compras, y el diseño y mis amigos y familiares lo saben por lo que no es la primera vez que alguien recurre a mí cuando va a comprar algo. He ido a comprar ropa con mis familiares, a ayudar a elegir regalos de cumpleaños, a comprar muebles de dormitorio y de salón para la nueva casa de mi tía, e incluso me han llegado a pedir que acompañara a alguien a comprarse un coche (esto último no lo entiendo mucho porque yo de coches no sé nada, pero bueno).

Sin embargo, lo que más ilusión me está haciendo, es el trabajo que estoy realizando ahora gracias a mi hobby. La prima de una amiga mía que lleva años trabajando como educadora infantil en una escuela, se ha lanzado al mundo de los emprendedores y está montando su propia escuela infantil. Quería hacer algo que llamara la atención de padres y niños para que entraran a preguntar por la matriculación, porque ya sabemos que todo nos entra siempre por los ojos, y una vez allí poder hablarles de su estilo educativo y demás ideas maravillosas que tiene con respecto al aprendizaje de los más pequeños. Preguntó en varias empresas de diseño y decoración pero la barbaridad que le pedían sobrepasaba su presupuesto en gran medida por lo que, hablándolo con mi amiga, pensaron en mí.

Yo aluciné un poco ante su proposición porque me daba manga ancha (hasta cierto punto) con un presupuesto de 45.000 euros para transformar una casa de campo, más bien pequeña, en una escuela infantil, y, además, 3.000 euros para mí. Me he tenido que dar de alta en la seguridad social y todo pero creo que para empezar en este mundo es un proyecto impresionante. Además, tengo que hacerlo muy bien porque la chica ha confiado en mí con los ojos cerrados y, al fin y al cabo, no ha visto ningún trabajo en el que basarse, solo la palabra de su prima.

Lo más difícil de todo esto es que para que el Estado te dé los permisos de apertura como centro escolar infantil se tienen que cumplir una serie de requisitos como que las aulas tengan un mínimo de 30m2, que haya una sala polivalente, que los aseos estén adaptados a la altura de los niños, que haya cambiadores en cada aula con visibilidad para controlar al resto de pequeños mientras cambias el pañal a uno de ellos, etc. Así que me he tenido que empapar la normativa de arriba abajo y luego empezar con reformas y demás. Cuando voy al edificio en obras parezco una capataz dando órdenes. Me encanta.

Con respecto al mobiliario no he tenido muchos problemas porque encontré a este fabricante de mobiliario infantil que nos ha hecho un precio increíble por comprarle a él todo lo necesario para las aulas y encima he leído en Internet que sus productos son de máxima calidad, así que estoy encantada.

Las aulas tendrán colores vistosos y divertidos, y en una de las paredes haré que dibujen motivos infantiles. Por ejemplo, en el aula de los más pequeños, que pintaré de verde pastel, pondré una pared con un fondo de verde mucho más intenso en el que aparecerán dibujados animales de la selva sonrientes y pasándoselo bien. Tengo el boceto en mente. Y en el exterior, que es lo que se verá desde fuera, mucho colorido, un letrero bien grande con el nombre de la escuela “Mis Pequeñines” y un arcoiris gigante con purpurina sobre este.

El patio también irá decorado y tendrá columpios homologados para todas las edades. Será todo muy divertido. Quiero proyectar un lugar donde a los niños les apetezca ir, donde vean un mundo mágico en el que lo van a pasar bien hasta que lleguen sus papás a recogerlos después, sabiendo que están a salvo.

Después, dentro de unos 5 meses, que es cuando acabaré el trabajo más o menos, ahorraré esos 3000 euros junto con lo que saque de mi trabajo actual a media jornada para formarme en diseño de interiores. Creo que este trabajo va a ser el inicio de una gran aventura que me dará las oportunidades que necesito.

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