No podemos negar la evidencia, ni mucho menos ignorarla: tener coche en la actualidad es caro. Aunque vivas de él, como es el caso de los taxistas. Su mantenimiento, el seguro y, por supuesto, el combustible. Esto último, cada vez más caro. Estando las cosas como están para los particulares, no podemos dejar de pensar en cómo estarán para los profesionales que sí o sí tienen que llenar el depósito de combustible para poder trabajar, aunque luego no encuentren clientes.
El sector del taxi es uno de los que se enfrentan a una presión constante para mantener la rentabilidad dentro de un entorno en el que los costes operativos son cada vez más elevados y las normativas medioambientales son cada vez más exigentes. En nuestras ciudades, los taxis realizan cientos de miles de trayectos anuales, siendo el consumo de combustible uno de los principales gastos del sector, que a menudo supera el veinticinco por ciento de los costes totales. La aplicación de estrategias de ecoconducción no es una mera opción de responsabilidad con el medio ambiente; se ha convertido en una necesidad económica para los conductores autónomos y los gestores de flotas.
La conducción ecológica combina las técnicas de manejo, la planificación de las rutas y el mantenimiento del vehículo para que el consumo de combustible y la producción de emisiones contaminantes se vean reducidos. Implementar este tipo de conducción de forma sistemática en una flota de taxis o para un taxista independiente se convierte en un ahorro inmediato, proporciona mayor vida útil a los componentes mecánicos del vehículo y produce una imagen de servicio más profesional y sostenible.
Para el sector, poder contar con este tipo de estrategias se ha convertido en algo esencial, ya que ponerlas en práctica de forma efectiva proporciona los beneficios deseados.
Conducción ecológica: impacto ambiental y de consumo
En el mejor de los sentidos, ya que el impacto ambiental se reduce y el consumo de combustible también. Los taxis, como bien saben nuestros amigos de la Asociación de Taxis de Santa Pola POLATAXI, que cuentan en su flota con taxis híbridos y de gran capacidad de maletero y de pasajeros, operan por lo general en entornos urbanos, donde las paradas son muy frecuentes. Estas paradas, los semáforos y la congestión del tráfico disparan el consumo de combustible. Un taxi puede llegar a consumir hasta un cuarenta por ciento más de carburante en la ciudad que en una carretera abierta, lo que hace indispensable que la ecoconducción se adopte, convirtiéndose en un método de ahorro. La adopción de hábitos eficientes no implica hacer grandes inversiones, pero puede reducir la factura del combustible entre un diez y un veinte por ciento al año.
Aparte del ahorro económico, la conducción ecológica contribuye directamente a la reducción de la huella de carbono que deja el servicio de taxi, lo que mejora la percepción que tienen los clientes y las administraciones públicas de estos profesionales. En las ciudades en las que el acceso de los vehículos contaminantes está restringido, los taxis más eficientes son los que obtienen mejores ventajas operativas, como los permisos de circulación en las zonas de bajas emisiones o el acceso a las licitaciones públicas.
Cada litro de combustible que se ahorra una flota de taxis es equivalente a una reducción directa de emisiones de CO2, óxidos de nitrógeno y partículas contaminantes. Un taxi que recorre unos cincuenta mil kilómetros anuales es capaz de emitir sobre diez toneladas de CO2 al año. Mediante la ecoconducción se puede obtener una reducción del quince por ciento del consumo, lo que puede suponer una tonelada y media menos de CO2 por cada vehículo al año.
Desde el punto de vista económico, un ahorro del quince por ciento en combustible para una flota de cincuenta taxis que tiene un gasto medio de cuatrocientos euros al mes por cada coche de la flota, supone más de treinta y seis mil euros anuales. Estas cifras son la muestra de que unas pequeñas mejoras en la conducción suponen un impacto financiero relevante, ya que se liberarán recursos que se pueden reinvertir en la modernización de la flota o en servicios complementarios para los clientes.
La adopción de estrategias de conducción ecológicas en las flotas de ciudades como Madrid y Barcelona ha reportado unos ahorros que superan el citado quince por ciento al implantar en sus flotas los programas de conducción con apoyo telemático. Un caso documentado de una cooperativa de ciento veinte taxis llegó a reducir su factura anual de combustible en más de setenta mil euros en el primer año, al mismo tiempo que vio mejorado el nivel de satisfacción de sus clientes por mantener una conducción más suave y predecible.
Otro ejemplo es que la aplicación de políticas estrictas de reducción de ralentí y la formación en conducción eficiente han disminuido las emisiones de NOx y las partículas en más de un veinte por ciento, lo que facilita enormemente el cumplimiento de la normativa municipal de calidad del aire y proporciona distintivos ambientales que suponen una mejora en la competitividad.
Estrategias de conducción eco para taxis
Implementar la conducción ecológica en las flotas de taxis necesita disponer de un enfoque estructurado que incluya la operativa diaria, la formación de los conductores y el uso de las herramientas tecnológicas adecuadas. Las estrategias de las que vamos a hablar a continuación son utilizadas por las flotas profesionales del transporte de pasajeros y se adaptan a las particularidades del servicio de taxi.
Aunque cada flota tiene sus propias características, la combinación de varias de las medidas que vamos a exponer produce sinergias que multiplican los resultados obtenidos. La clave se encuentra en medir, analizar y corregir los parámetros de forma continua hasta consolidar la cultura de la eficiencia entre los conductores.
La reducción del tiempo de ralentí es uno de los primeros pasos. El ralentí es uno de los mayores enemigos de la eficiencia de los taxis. Esperar a los clientes con el motor encendido, pararse en las paradas sin apagar el coche o permanecer en doble fila mientras se espera un servicio consume combustible y emite contaminantes sin que se obtengan ingresos. Un motor en ralentí puede llegar a consumir entre medio y un litro de combustible por hora. Implementar políticas de apagado del motor cuando la parada supere los treinta segundos es una medida sencilla, pero de gran impacto.
Las técnicas de conducción eficiente implican la forma en la que el taxista acelera, frena y mantiene la velocidad, lo que tiene un efecto directo sobre el gasto de combustible. Las técnicas de conducción eficiente incluyen anticiparse al tráfico para evitar frenazos y acelerones, mantener la velocidad constante siempre que sea posible, utilizar las marchas largas y evitar las revoluciones excesivas.
Optimizar las rutas y los horarios es otra de las estrategias de ecoconducción. Elegir la ruta más eficiente no siempre quiere decir que sea la más corta en distancia. Factores como la congestión del tráfico, las obras, los semáforos y la orografía afectan de forma determinante al consumo de combustible. Una planificación dinámica de las rutas, con herramientas de navegación que incorporen la información del tráfico en tiempo real, hace posible que los taxistas puedan evitar los atascos y minimizar el tiempo de circulación cuando las condiciones no son favorables.
Coordinar los horarios de trabajo para concentrar la actividad en las franjas en las que haya menor congestión puede suponer ahorros importantes. Los gestores de las flotas pueden analizar los datos de los servicios para identificar los patrones y ajustar con base en ellos la disponibilidad de los vehículos, lo que evita desplazamientos innecesarios o esperas.
El mantenimiento predictivo y preventivo es fundamental. Un taxi con un mantenimiento deficiente consume más combustible y emite más contaminación. Elementos como los filtros de aire sucios, las bujías desgastadas, los neumáticos con una presión incorrecta o un sistema de inyección desajustado hacen que el consumo de combustible aumente entre un cuatro y un diez por ciento. El mantenimiento preventivo evita estas ineficiencias y previene las averías de mayor coste.
Por último, citaremos el uso de la tecnología telemática y la formación continua. Lo primero es proporcionar la base de datos necesaria a la hora de gestionar la conducción de forma objetiva. Los dispositivos de los vehículos recopilan la información relativa a la velocidad, la aceleración, la frenada, el tiempo de ralentí, el consumo y las emisiones. La información obtenida es procesada y se presenta en paneles de control que permiten a los gestores identificar a los conductores menos eficientes, comparar los vehículos y detectar las anomalías.
La tecnología por sí sola no es suficiente, por lo que es indispensable acompañarla con programas de formación que conviertan los datos en acciones concretas. Informes personalizados, reuniones con los conductores e incentivos al rendimiento se convierten en un círculo vicioso de mejora continua.
Los resultados de este tipo de conducción ecológica son medibles desde las primeras semanas de aplicación: ahorro de combustible, reducción de las emisiones de CO2, disminución del tiempo de ralentí, prolongación de la vida útil de los frenos, neumáticos y el embrague, y un aumento de la puntuación media de seguridad de los conductores.

