Con la casa a cuestas

Hace poco mi mujer y yo estuvimos pensando cuál podría ser la mejor opción para plantearnos viajar con niños y no dejarnos la vida intentándolo. Son muchas las cosas que hay que plantearse, desde la economía hasta la comodidad o las opciones que podemos barajaren un determinado momento hasta preguntarnos si cruzar las fronteras puede merecer o no la pena en nuestras circunstancias y, por “circunstancias” entiéndase niños muy pequeños.

Viajar con niños no es algo de locos como muchos opinan, o al menos esa no es mi opinión, pero hay que reconocer que cómodo no es. Los niños tienen sus necesidades y obligarles a dejarlas a un lado solo porque nosotros queramos viajar por una ciudad u otra es muy egoísta por nuestra parte aunque pueda parecer lo contrario.

Pensad en un niño de 3 años que tiene una serie de costumbres establecidas como por ejemplo, levantarse a las 8:30, comer a las 13:00, dormir la siesta de 15:00 a 17:00, merendar a las 17:30, jugar, tomar un vaso de leche a las 20:30 e irse a dormir a las 21:00. Para él, dentro de los cambios más o menos lógicos que puedan hacerse en sus días, esa es su rutina y no puede entender que alguien le obligue a pasar hambre porque la familia esté viendo un museo en una ciudad X y dentro del mismo no se pueda comer, o simplemente porque se ha hecho tarde y salen de la visita a las 14:30 de la tarde. ¿Qué creéis que pasará en una circunstancia así? Pues que el niño estará irritable, llorará por todo, se pondrá pesado y para colmo estará más aburrido que una ostra, un cóctel de sentimientos que el pequeño no sabrá sobrellevar y acabará dando el viaje a toda la familia pero, ¿la culpa es del niño o de los padres que no supieron adaptarse a las necesidades del pequeño?

Dicho en otras palabras, cuando se viaja con niños de corta edad debemos organizar el viaje en torno a las necesidades del niño y no al revés, pero eso no significa que no pueda ser un viaje maravilloso, a pesar de lo que muchos digan.

Experiencia en primera persona

Hace un año fuimos a Roma, una ciudad que ya he visitado otras veces pero que tuvimos que volver a visitar cuando vimos una oferta magnífica de una agencia de viajes que no pudimos rechazar. La diferencia es que, en esta ocasión, viajaríamos con mi hija de 2 años y mi hijo de 4. ¿Os imagináis qué habría ocurrido si hubiera metido a los dos niños, durante horas, en los museos vaticanos? Ni lo sé, ni quiero saberlo, porque directamente me dije a mí misma que eso sería imposible.

Visitamos todos los edificios que quisimos dando bonitos paseos con los peques, comprándoles helados y jugando con ellos a contarles historias de romanos. Aun así, hubo más de una rabieta por cansancio o aburrimiento pero nada que no pudiera sobrellevarse. Vimos la Fontana di Trevi, la Domus Aurea, el Coliseo, el Panteón de Agripa y todos los monumentos típicos de la ciudad, incluso llegamos a bajar a unas catacumbas que hicieron las delicias de mi hijo mayor y os preguntaréis ¿cómo lo conseguimos? Pues contándole historias previas, manteniéndolos entretenidos y respetando sus horarios de comida y sueño. Parece sencillo ¿verdad? no lo es, porque a veces las cosas en los viajes se complican pero si queremos tener la fiesta en paz, siempre hay que poner sus necesidades por delante de cualquier otra circunstancia.

Nuestro proyecto

Sin embargo, y no a raíz de ese viaje que fue maravilloso sino a raíz de pensar detenidamente en nuestra economía y en lo que íbamos a poder hacer o no, llegamos a la conclusión de que en los próximos años íbamos a tener que cambiar nuestro modo de viajar.

Si bien es verdad que los niños menores de 4 años suelen alojarse gratis en muchos hoteles y los menores de 12 tienen grandes descuentos, la realidad es que ahorrar para un viaje de 4 personas no es sencillo. Pensadlo bien, billetes de avión o tren, alojamiento, entradas, comidas, caprichos… son muchas cosas las que pagar multiplicadas por 4 y la billetera me temo que no cubre esos gastos. Además, tuvimos la brillante idea de mirar lo que podría costarnos pasar una semana de agosto en un camping resort. Este tipo de sitios tiene unas instalaciones maravillosas, de lujo, pero no deja de ser un camping con casitas de madera así que pensamos que podríamos acceder a este tipo de vacaciones. Cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que la broma nos salía por 2.000 euros, solo alojamiento, si a eso le sumamos comidas, desplazamiento y demás, podríamos llegar a los 2.700 perfectamente, algo que sé que es asumible por muchos pero no pos nosotros.

Ahora bien, ¿qué pasaba si cambiábamos el tipo de alojamiento y buscábamos una parcela libre para instalar tienda de campaña, camper o caravana? Pues que la cosa bajaba drásticamente a los 450 euros toda la semana, eso sí era asumible pero nosotros no tenemos el equipo necesario así que empezamos a darle vueltas a todo.

Un viaje con vuelos de avión, hoteles y visitas también suele rondar un coste de unos 3.000 euros para una familia de 4 personas, por eso no podemos viajar todos los años, ni siquiera casa dos años, y alojarse en casas rurales puede salir muy económico cuando te juntas con más gente pero a solas, tampoco sale muy bien de precio. Pensamos en alquilar una autocaravana y nos recomendaron Caravanas Cruz, una empresa muy conocida a nivel nacional que tiene unos precios muy competitivos. Así ya la cosa bajaba un poco porque el alquiler de 7 días de una caravana para 4 nos salía por unos 700 euros, más los 450 de alojarnos en la parcela del camping resort hablábamos ya de unos 1150 euros así que ya habíamos ahorrado unos 850 que habríamos pagado de más en la casita de madera. Pero, aun así, ¿cómo podríamos tener vacaciones todos los años sin tener que endeudarnos? Y llego la respuesta, camperizar nuestra vieja furgoneta.

Está claro que quien no tenga una furgoneta tendrá que gastar algo más de dinero comprando alguna, aunque sea de segunda mano, pero a nosotros la jugada nos salía redonda. Este año, por supuesto, no ha habido vacaciones al final pero para el año que viene tendremos todo listo y empezarán nuestros años de camping por España.

Camperizar una furgoneta no es sencillo, pero si conocer el reglamento que las regula y cuentas con profesionales para llevar a cabo las modificaciones pertinentes puedes conseguir una casa móvil estupenda con una inversión no demasiado elevada. Gestécnica ha sido la empresa seleccionada para ello, también por recomendaciones y por presupuesto, y aunque nuestra furgoneta no es demasiado grande nos han enseñado los planos y hemos quedado mucho más que agradecidos.

Nuestra casa móvil tendrá una cama enorme, a medida, donde podremos dormir los 4 juntos sin darnos patadas, una cocina de gas, un tanque de agua para fregar y ducharnos en una especie de tienda de campaña estrecha que se monta en un visto y no visto y que irá guardada en una especie de caja enorme que van a instalar debajo de la cama.

Cuando la cama esté desmontada, por el día, tendremos una especie de sofá donde sentarnos por si un día sale lluvioso y tenemos que pasar algún rato jugando a los juegos de mesa o a las cartas dentro de la furgo y lo mejor de todo es que tendremos de todo para estar cómodos: aire acondicionado, una placa solar para tener electricidad todos los días y poder ver la televisión o cargar los móviles, nevera, mesa plegable que sale de debajo de una de las zonas de la bancada de la cocina, etc.

Tampoco necesitamos mucho más, porque la idea es pasar el día fuera, en las instalaciones de los campings a los que vayamos, comiendo y cenando en el porche al aire libre que saldrá de un lateral de la furgoneta o visitando nuevas ciudades.

Todo eso, según nuestros cálculos, por lo que nos habría costado ir de viaje tres veces aproximadamente y ahora podemos salir con los niños durante vacaciones de verano y puentes cada año, tantas veces como queramos.

Obviamente es dinero, y es una inversión, pero estará rentabilizada en pocos años y a partir de ahí estaremos hablando de viajar por toda España pagando solo lo que nos cueste la parcela de un camping y, aunque hay de muchos precios dependiendo de la categoría de dicho camping, estamos hablando de una cosa mucho más asumible que lo otro, pero con diferencia.

Además, no es para toda la vida, dentro de unos años, cuando sea más fácil viajar con ellos, volveremos a retomar nuestras visitas al extranjero cada dos o tres años, para mostrarles Europa y todo lo que se nos ponga por delante, eso sí, sin olvidarnos de nuestras escapadas familiares por los rincones más bonitos de España porque nuestro país, es digno de ser conocido, y a veces lo olvidamos.